HIPNOSIS A TRAVÉS DE GRANDES FIGURAS DE LA HISTORIA: SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

Mucha gente nos comenta que ….en eso de la HIPNOSIS no creen demasiado o no han oido hablar de ella.

¿No te parece curioso que tu médico nunca te haya hablado de los múltiples beneficios de la Hipnosis para tu salud cuando la figura histórica  más importante en medicina en  España, cuyo nombre está puesto en hospitales, instituciones, cátedras, premios y de quien se han hecho esculturas, pinturas y hasta billetes y sellos con su fotografía, si la utilizara?

¿SIGUES PENSANDO QUE ESTO DE LA HIPNOSIS NO ES SERIO???

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Seguro que has oído hablar del Doctor Santiago Ramón y Cajal pero veamos que hizo y porque fué tan importante, los premios recibidos y luego su vinculación con la Hipnosis.

 

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Nacimiento1 de mayo de 1852
Petilla de Aragón, Navarra, España
Fallecimiento17 de octubre de 1934 (82 años)
Madrid,  España
Residencia España
CampoMedicina (histología y neuroanatomía)
InstitucionesUniversidad de Valencia, Universidad de Barcelona, Universidad Complutense de Madrid, Junta para la Ampliación de Estudios.
Alma máterUniversidad de Zaragoza
Conocido porSus aportaciones en el campo de la neurohistología (doctrina de la neurona)
Premios
destacados
Nobel de Medicina (1906)
 

 

Premios
Premio Fauvelle (18 de abril de 1896), concedido por la Société de Biologie de París.
Premio Rubio (1897), concedido por la Real Academia de Madrid por su libro Manual de Histología.
Premio Moscú (agosto de 1900, de 5.000 f.) concedido por el Comité directivo del Congreso Médico Internacional de París.
Gran Cruz de Alfonso XII (20 de junio de 1900)
Gran Cruz de Isabel I (28 febrero de 1901)
Premio Martínez Molina (de 4.000 ptas., 25 de enero de 1902)
Medalla Helmholtz (comunicación el 26 de enero de 1905)
Premio Nobel (10 de diciembre de 1906)
Medalla Echegaray (7 de mayo de 1922)
Medalla Plus Ultra (abril de 1926)

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL Y LA HIPNOSIS

D. Santiago estudió, entre otros, el ensueño (Ramón y Cajal, 1908) y desestimó, tras investigarlos, diversos fenómenos parapsicológicos, en boga en su época. De hecho, en 1883 fundó un Comité de Investigaciones Psicológicas, con sede en su propia casa, donde tuvo oportunidad de desestimar las supuestas habilidades de médiums y espiritistas, a quienes tachó de embaucadores.

La hipnosis también fue investigada por el ojo crítico de D. Santiago. En aquel tiempo (1883) se hizo famosa la confrontación entre la escuela de Nancy, con Charcot, y la de la Salpêtrière, con Bernheim y Liébault como sus máximos exponentes. Charcot definía la hipnosis como una forma de “neurosis inducida”, equiparándola a los fenómenos histéricos, tan comunes en la época. Por el contrario, Bernheim y Liébault consideraban la hipnosis y las respuestas a las sugestiones desde un punto de vista médico, como una oportunidad clínica con valor terapéutico.

D. Santiago, más próximo al punto de vista terapéutico de Bernheim y Liébault, nunca logró inhibirse de la visión patológica de Charcot, y así afirmaba que el estudio de la hipnosis le produjo también desilusión y una “decepción dolorosa, al considerar que el tan decantado cerebro humano, la obra maestra de la creación, adolece del enorme defecto de la sugestibilidad; defecto en cuya virtud, hasta la más excelsa inteligencia puede, en ocasiones, convertirse por ministerio de hábiles sugestionadores, conscientes o inconscientes (oradores, políticos, guerreros, apóstoles, etc.), en humilde y pasivo instrumento de delirios, ambiciones o codicias” (Ramón y Cajal, 1923).

Efectivamente, su descubrimiento de la efectividad de las sugestiones hipnóticas le llevó a considerar las implicaciones personales y sociales de la sugestionabilidad. Aunque hoy sabemos que el trance hipnótico no implica, en modo alguno, la supresión de la voluntad del sujeto hipnotizado, D. Santiago consideró que los fenómenos de sugestión y sonambulismo artificial, podían suponer una “abolición total del libre albedrío, es decir, de la facultad crítica y de la selección consciente de las reacciones motrices” (Ramón y Cajal, 1923), un punto de vista que aún hoy pervive en el imaginario colectivo.

A pesar de esta visión crítica de los fenómenos de sugestionabilidad, D. Santiago se reveló como un gran hipnotizador, y tuvo oportunidad de utilizar la hipnosis, especialmente en sujetos sanos. En sus propias palabras, el estudio de la hipnosis le produjo “estupor, al reconocer la realidad de fenómenos de automatismo cerebral, estimados hasta entonces como farsas y trampantojos de magnetizadores de circo” (Ramón y Cajal, 1923). Se tiene constancia de un título, que Ramón y Cajal no llegó a publicar, y cuyo manuscrito se perdió durante la guerra civil: “La omnipotencia de la sugestión: Hipnotismo, Espiritismo y Metempsicosis”. Desgraciadamente no podemos cotejar sus conclusiones en el campo de la hipnosis. No obstante, se conserva un interesantísimo artículo en el que D. Santiago describe la eficacia del tratamiento hipnótico en la prevención del dolor del parto (Ramón y Cajal, 1889).

Parece que D. Santiago probó la eficacia de la hipnosis con su mujer, madre por entonces de cinco hijos y embarazada del sexto. Como describe en el citado estudio, su mujer, que se había mostrado como un excelente sujeto hipnótico, había sufrido hasta entonces partos penosamente largos y dolorosos. Aunque la efectividad de la hipnosis como analgésico había sido descrita con anterioridad, el estudio de Ramón y Cajal es el primero que describe su posible utilidad en los dolores del parto.

Ramón y Cajal Junquera, M. A. (2002) Santiago Ramón y Cajal y la hipnosis como anestesia. Rev. Esp. Patol. Vol. 35(4): 413-4 http://www.patologia.es/volumen35/vol35-num4/pdf%20patologia%2035-4/35-4-07.pdf

Preocupado por el sufrimiento de su mujer, decide probar con la hipnosis, induciendo un trance diez días antes del parto. Además de sugerir que el parto será breve, D. Santiago incluye sugestiones analgésicas: “tendrá conciencia de los dolores más enérgicos que producen la dilatación de la matriz y la expulsión del feto; pero su levedad será tal, que no podrá diferenciarlos de los más ligeros, llamados moscas o preparantes”. Prudentemente, Ramón y Cajal evita sugerir una analgesia total, y especifica a qué dolores va dirigida la analgesia. Esto, que pudiera parecer exagerado, es resultado de una fantástica intuición clínica. Actualmente se considera que la especificidad de la analgesia durante la hipnosis puede ser tal, que sugestiones por ejemplo para los dolores menstruales se demostrarán ineficaces cuando el dolor sea producido en realidad por una apendicitis (Zeig, 1980).

D. Santiago, siempre prudente, señala en su artículo la brevedad con la que ocurre el parto, aunque se limita a constatarlo y no lo relaciona con la hipnosis, a pesar de haber realizado sugerencias en ese sentido. Sí relaciona, no obstante, la reducción significativa del dolor con el tratamiento realizado. En 2006, con casi 120 años de retraso con respecto a Ramón y Cajal, una amplia y rigurosa revisión de estudios clínicos realizada por un grupo de la Cochrane, concluye que, efectivamente, la hipnosis parece demostrarse como una herramienta útil a la hora de reducir el dolor en el parto (Smith et al., 2006). Esta revisión también encuentra evidencias de que la hipnosis puede aumentar la incidencia de nacimientos vaginales y puede también reducir el uso de oxitócicos (esto es, que los partos con hipnosis resultan más sencillos, rápidos y seguros, algo que el artículo de Ramón y Cajal ya barruntaba como posibilidad).

Aunque las referencias que se conservan son escasas, las investigaciones germinales de Ramón y Cajal en el campo de la hipnosis suponen una muestra más de su increíble anticipación, genialidad, amplitud de miras, enorme curiosidad y gran intuición clínica.

FUENTE:  Chema Nieto (2009) Santiago Ramón y Cajal. Hipnológica 2, 6-7 (www.hipnologica.org)

Y para terminar que mejor que usar una frase célebre del mismo Ramón y Cajal

Debo ahora terminar. Lo exige la impaciencia del lector; lo impone mi fatiga.